(...) "Por desgracia , nunca he conseguido pillar a dos tiburones blancos haciendo el amor. Quién sabe a qué profundidad lo hacen. Sin embargo, las hembras que han copulado hace poco se reconocen por una cicatriz en el cuerpo. Para mantenerlas quietas, los machos les dan un mordisco. Valga decir, les hunde los tres mil dientes en la carne. Esos mismos dientes triangulares que conoces, de siete centímetros de largo, como el colgante que llevas al cuello. No es casual que la naturaleza haya dotado a las hembras de una piel más gruesa. Para ellas, el amor debe de ser una experiencia bastante dolorosa. Pero tú no te asustes, Sofía. Después de todo, la naturaleza te ha dotado de una piel más gruesa también a ti" (...)
Caterina Bonvicini - El equilibrio de los tiburones
domingo, 17 de mayo de 2009
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1 comentario:
Em ... ¿Tiene que ver el texto con alguna experiencia personal? jejejeje. Bueno, no quiero ser cotilla ...
Besotes.
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